lunes, 8 de junio de 2009

Mi padre se abrió una cuenta en Facebook ¿Existe algo peor?

Es el fin del placer obsoleto de conectarse al programa para buscar amigos del jardín de infantes que hace 20 años no ves y que, hasta que te lo posibilitó FB, te importó tres rábanos buscar.

No le alcanzó con empezar a estudiar canto, sacar un disco de tango, cantar un tema de Sandro y hasta alguna vez sugerir interpretar uno de los Beatles sin saber una palabra de inglés. Tampoco le bastó con comprarse un auto extraordinariamente ridículo para su edad o salir en la revista dominical de La Nación bajo el título “¿Crees que soy sexy?”. ¿No le alcanzó acaso con sacar a bailar a una de mis compañeras de facultad el día que nos egresábamos y me prestó la casa para una fiesta?

No. Tenía que llegar a ese lugar donde ningún padre de su generación debe llegar. INTERNET.

Hace unos cinco años se abrió su cuenta de mail y el tipo era feliz con eso. Descubrió la posibilidad de anular al correo postal y al fax, se fascinó con las cadenas que te cumplen deseos y aquellas que se pueden hacer con los amigos compartiendo algún que otro chiste verde o anécdotas de cuando el dinero era un factor poco importante para levantarse minas.

Luego, la gloria. YOUTUBE. -¿Pero en serio hija puedo ver el gol del Maradona del ’86?- Sí, papá- ¿Pero en serio?- Si papá, ¡TE LO JURO POR VOS!

Hasta le expliqué cómo tenía que hacer. O sea, yo no quería dejar al pobre hombre fuera del mundo cibernético. Pero no sólo eso. Le expliqué dónde estaba la Ñ, los acentos, cómo cuernos se ponía la mayúscula. Por qué el Mouse tenía tres botones, por qué no le pasa nada a la computadora si la dejas prendida por muchas horas.

Y todo esto ¿para qué? Para que un día alguien, que no voy a nombrar porque yo SÍ tengo principios, le abrió las puertas de Facebook.

“No papá, nooo, no lo hagas, es un programa de la CIA para sacarte información”, “no papá, nooo, te pueden usar la tarjeta de crédito para hacer transferencias” “no papá hubo casos en Miami de usuarios con Gripe Porcina, infectados a través de Facebook”

Y un día, cuando ya creí que lo tenía engañado, suena el teléfono y era el llamado que uno nunca quiere recibir. Una voz jocosa del otro lado:

- ¡Hola hija, ya tengo una cuenta en Faisluc!- ¿Qué cosa?- ¡Que tengo Faisluc, ahora podemos ser amigos!

Y Faisluc era Facebook, nomás. Y mi padre quería ser mi amigo.Entonces recordé cuando me llevaba al colegio temprano en moto, o cuando presenciaba mis papelones en la cancha de Hockey y decía “es horrible”, pero siempre por lo bajo, nunca en mi cara eh.Pensé también cuando me enseñó las reglas de rugby que yo después utilicé para ganar hombres. Y hasta rememoré el año pasado, cuando fuimos a ver a Madonna e incluso quedaba como un viejo canchero entre la multitud.

¿Qué hacer? Lo agregué a mis contactos. Sí “jodete”, me dirán, pero la curiosidad pudo más. Mi sorpresa fue absoluta: había creado “enlaces” con mis fotos. Sí, ni yo sé como se hace. Y ahí estaban mis fotos y abajo 32 comentarios de mujeres de entre 40 y 50 que exclamaban “Ay Luisito qué linda hija!”, besos Pato, “Se nota que sos un papá orgulloso, cariños, Grace!”Y a esos se le sumaron los comentarios en MI Facebook“Che Sol, pasame el contacto de tu viejo”, “Decime cómo se llama que nos vamos de joda juntos”, “Sol, aceptalo, tu viejo es un groso”.

Sí, hay algo peor que tu viejo se una a Facebook, y es que en pocos días sea más popular que vos.