sábado, 3 de octubre de 2009

De negra a negra


Existe un espacio especial, sumamente codiciado. Es un lugar que no se mide en metros cuadrados, porque ni siquiera tiene un metro, pero donde se han librado terribles batallas en pos de su conquista. Sólo un hijo único desconoce de estas luchas y descansa en la cómoda holgura de no tener que disputarlo.

Es que allí está encerrado el amor más genuino, entre los 20 centímetros que separan a los asientos delanteros de la mayoría de los autos. La excusa de su ocupación es acceder a la vista panorámica, el verdadero motivo es sentir la tierna compresión de papá y mamá.

Hace algo de 20 años, en algún viaje desde la Capital a Lomas o alguno más largo a Miramar, conocí a Mercedes. Me la presentaron ellos, los que se sentaban adelante, los mismos que afortunadamente introdujeron en mi vida a Caetano, Gal y Joan Manuel. Por supuesto, con todos ellos la enorme Negra cantó más de una vez.

A mi no me gustaba, justamente por eso, porque era ENORME y rebalsaba mis parámetros estéticos absolutamente dominado por las blondas muñecas Barbies. “Saquen a la gorda” pensaba, a veces lo gritaba, abusando de la crueldad que se les concede a los niños. Nunca me hacían caso.

Pero todo llega, no recuerdo quién le dijo a papá que el tango te espera, bueno parece que La Negra también. Que triste si te vas, justo ahora que estamos tan desprovistos de razones para juntarnos y hasta nos da algo de vergüenza evocar las letras que inmortalizaste.

No había nacido cuando volviste en el ‘82, tampoco cuando Serrat enmudeció un año más tarde ante miles de expectantes caras que, tras tanto dolor, le pedían que les cante a Hernández y Machado. Pateaba en la panza cuando Silvio y Pablo hicieron lo propio y hoy pateo porque sólo te vi una vez en vivo, con León y Víctor Heredia. No fue tu mejor recital.

Hoy Mercedes agoniza, ya no viajamos los tres en el mismo auto y ese espacio me queda chico. Será que estoy más próxima a sentarme en el asiento de adelante. Cambia, todo cambia.

A mis tíos Noli y Rome en su cumpleaños, que la vivieron tanto como nosotros